Dos mantas

Malsigno_img89Fijé el amanecer, anoté lo inexpresable;
al recordarte en la derrota, de cada lucha;
no hay remedio para este nervio secado.
Yo no sé de cual ventana asoma ahora tu rostro.
Yo no sé si el rencor pueda regresarme los rezos que te he gastado.
Despunta el si pudiera, cuando no hay partida,
cuando se muestra mordaz el porvenir saqueado,
cuando la ciudad tan humedecida huele a cementerio.
En grave silencio, quisiera ahora,
amontonar los pasos andados, amontonar cada emoción, amontonar tu voz y tu sonrisa.
Y preguntarme con olor a madrugada,
¿En qué vereda, calle o ciudad se me ha extraviado la existencia?

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